lunes, 14 de enero de 2013

Por qué se necesitan intérpretes profesionales

Como ya sabéis, personas sordas signantes ha habido desde hace muchos, muchos años. Sin embargo, la profesión de intérprete de lengua de signos es muy reciente y hasta hace tan solo unas décadas no se comtemplaba siquiera la idea de que esta tarea debía llevarla a cabo un profesional y no alguien con conocimiento de ambas lenguas (la oral y la de signos en este caso, aunque esto se puede extrapolar a la interpretación entre lenguas orales). De hecho, el primer servicio de interpretación de lengua de signos en España tuvo lugar en 1987, hace 25 años. (Para los curiosos, el primero entre lenguas orales fue en 1919, durante la Conferencia de Paz de París).

Hasta entonces quienes desempeñaban este trabajo eran familiares, profesores o incluso religiosos. Durante los siglos XVIII y XIX, estas personas no percibían ninguna remuneración por su labor, que por otro lado tampoco era muy frecuente, porque las personas sordas no tenían los mismos derechos que las oyentes. ¿Sabíais, por ejemplo, que hasta finales del siglo XIX no se les permitía heredar ni casarse? Partiendo de este concepto de las limitaciones de las personas sordas, no es de extrañar que aquellos que ejercían como intérpretes se extralimitaran en sus funciones, intentando sobreproteger o incluso adoctrinar a los usuarios, por ejemplo tomando las decisiones por ellos.

Pero demos un buen salto y volvamos al presente. Ahora que ya hay ILSEs formados, tampoco es realista pensar que un usuario de la lengua de signos podrá disponer de ellos para cubrir todas sus necesidades. Así, cuando necesitan que alguien interprete por ellos, pero no pueden contar con un ILSE profesional, es posible que recurran a un familiar o amigo.

Sin embargo, mirad lo que puede suceder (si no conocéis los personajes, mirad aquí):

La profesora de Cedrid y Desmond no se entienden, así que esta le pide al niño que haga de intérprete, a lo que él responde que depende, que si se trata sobre el examen de matemáticas... no.


Como véis, hasta en las situaciones más simples surgen conflictos de intereses. Y ahí es cuando se echará de menos la profesionalidad de un ILSE, que se mantendrá objetivo y neutral durante todo su trabajo, que entenderá que todo cuanto ocurra o se mencione durante la interpretación será estrictamente confidencial, que se limitará a interpretar y no juzgará a nadie, que sabrá trabajar en situaciones complicadas y entenderá que, como intérprete, su función es garantizar que la comunicación se produce en igualdad de condiciones y se limitará a esa función.

¡Ah! Y que recibirá una remuneración por su trabajo:

Esta es la tira cómica publicada en Halloween de 2012, en la que Cedric interpreta para su padre y el vecino y, a cambio, exige tres chocolatinas, dos chicles y un chupa chups.


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